Los alumnos de más de cien escuelas técnicas de 15 provincias fabricarán elementos para las personas con necesidades especiales, con asistencia técnica y capacitación del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). La Comisión Nacional por la Discapacidad (Conadis) se comprometió a costear los materiales y herramientas de los proyectos que le presenten los colegios.


Cuando el ingeniero Rafael Kohanoff armó en el INTI el flamante Centro de Tecnologías para la Discapacidad, pensó en ayudar a quienes tienen necesidades especiales —el 7,1% de la población— y a los empresarios argentinos que fabricaran esos “dispositivos que le mejoren la vida a la gente”.

Con su equipo visitó hogares de ancianos; hablaron con ellos, sus médicos, enfermeros, kinesiólogos y cuidadores. Fueron a centros de rehabilitación, charlaron con familiares de los discapacitados.

Se toparon con más problemas que soluciones. “Un mercado pobre, disperso, reducido, complicado: no se puede gastar en publicidad, y la gente ni se entera de que existe ese elemento que puede serle útil —enumera—. Gente que no puede acceder a una silla de ruedas o a muletas porque no tiene dinero, o ignora dónde pedirlas, ni sabe que tiene derecho a pedirlas.”

Con una energía que desmiente sus 81 años, Kohanoff encargó prototipos y adaptaciones a inventores, que desplegaron una veintena de dispositivos, entre ellos una silla de ruedas más barata, silla postural, tacos para elevar la cama, “abrochabotones”, calzador de medias, amplificador para teléfono, muletas y andadores. El Instituto Nacional de Educación Técnica le dio su apoyo y convocó a las 1.300 escuelas técnicas de todo el país.

Representantes de 80 establecimientos de 15 provincias y autoridades de educación técnica de 11 provincias y de la Capital se reunieron en Buenos Aires y se entusiasmaron con el proyecto. La propuesta es que cada colegio conforme un comité de gestión —junto con la cooperadora y las entidades que asisten a discapacitados—, releve las necesidades de su área y, según el equipamiento disponible y el proyecto educativo, incorpore la fabricación de algunos elementos. Entre otros apoyos, el INTI certificará la calidad.

El entusiasmo que generó el proyecto entre los educadores fue unánime. Algunas escuelas habían tenido experiencias en ese sentido, y los docentes subra yaron el compromiso y la pasión que generaron en los alumnos estas iniciativas solidarias. Las ideas se ampliaron a softwares y juegos didácticos. Quedó, entonces, conformada una red nacional, para un proyecto sin antecedentes en la Argentina

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