Archive for March, 2008
03 31st, 2008

“Quiero convocar a todos los argentinos al diálogo. Les pido humildemente, como presidenta de todos los argentinos, levanten el paro para entonces sentarnos a dialogar”
(Desde Seprin)
Cuando murió el nono, mi viejo dejó el campo. No quiso trabajarlo más. Decía que era una mierda. El nono había laburado como un burro toda su vida y nunca pudo salir de la miseria. –“Yo lo voy a trabajar”,le dije al viejo. Y empecé. El campo es duro y hay que pelearlo todos los días. Se empieza a las 4 de la mañana. Haga frío, haga calor, llueva o hiele. No existen los domingos ni los feriados.
Se termina a las 9 de la noche, siempre y cuando a alguna puta vaca no se le dé por parir. Cuando terminas de sembrar, rogas que llueva, cuando empieza a llover, rogas que pare. Si no es la helada temprana es la sequía tardía. Vivís pensando que cultivo te va a dejar un mango. Si el campo es chico no te rinde. Comprar no se puede y rentar te come la ganancia. Pasan los años y no se avanza. Los políticos te calientan la oreja y después se quedan con tu plata. En la región se corre la bola que sembrando soja se puede vivir. “Y, vamos a darle”. Parece que sí, que deja un mango. El precio está subiendo y nos da mayor esperanza. Los exportadores nos piden que sigamos sembrando. Aunque el gobierno se queda con parte de nuestra ganancia, podemos ver que algo está cambiando. Era hora, después de tantos años de sacrificio. Se está vendiendo bien y pude cambiar la chata. Malas noticias. Suben las retenciones. Nos quieren volver a hundir. Nos juntamos en la ruta y nos ponemos de acuerdo, “O volvemos a lo de antes o paramos el campo”. Uno, dos, tres, cuatro, los días pasan y estamos cada vez más unidos. Es la primera vez que nos juntamos para defender lo nuestro. En esto nos va la vida, la nuestra y la de nuestros hijos. Resistimos a pie firme. Lo estamos logrando. “Van a tener que aflojar”, decimos. Y llega el discurso. Nos tratan de pistoleros, de egoístas, de ambiciosos, de extorsionadores. Empezamos a bajar las cabezas. Nos damos vuelta y regresamos a los campos. Volvemos a trabajar como burros. Tenía razón mi viejo, “el campo es un mierda”.